Vida en Libertad, sin Apegos

Cuando sufrimos la “pérdida” del ser querido, si un ser amado fallece. Cuando una relación o un trabajo se termina, cuando algo no funciona como esperábamos nos sentimos frustrados, infelices, desmotivados. Añorando lo que ya pasó. “Mirando hacia atrás”.

Luego de la partida de nuestra amada mascota, mi perro Pulgui, con quien compartí 14 hermosos años, me surgieron varios cuestionamientos acerca de los vínculos en nuestra vida.

¿De verdad podemos hablar de “pérdida del ser querido”?

Desde que nacemos tenemos infinidad de relaciones con otros seres. La mayoría de ellos vienen por un tiempo y luego se van. Otros marcan etapas de nuestra existencia. Y algunos, independientemente de cuánto tiempo hayamos disfrutado de su compañia, nos dejan marcados a fuego.

¿Cual es la diferencia que hay entre un vínculo y otro que hace que nos queden marcas imborrables? Tal vez podríamos pensar que lo fundamental es el sentimiento que nos une a ese ser.

Hoy sin dudas creo que estamos pre-destinados a encontrarnos y vivir determinadas experiencias. No en sí como algo ya pactado en todas sus formas, sino más bien un pacto de almas. Un acuerdo para aprender determinadas lecciones, para experimentar ciertas emociones, para trascender dichas experiencias y continuar empoderad@.

El problema es que en esta vida material nos creemos que únicamente somos un cuerpo físico pensante. Olvidando que el 99,9% de nosotros es energía. Dejando de lado que somos espíritu.

Es con nuestro lado físico con el que más nos identificamos. Porque se ve, porque se toca, se siente. Y parte de esa identificación hace que también nos identifiquemos con nuestras relaciones. Sentimos que son parte nuestra. Y cuando parten nos sentimos desconsolados, vacíos, abandonados. Hago referencia al duelo ya que lo vivencié con mi mascota que era uno más de la familia. Pero esto puede aplicarse para cada aspecto de nuestra realidad. Puede suceder con una relación, con un trabajo, con un grupo de personas. En fin, con todo aquello que manteníamos constante y habitual en determinado momento de nuestras vidas.

Conectados con esos vínculos, con esas experiencias, nos anclamos al pasado. Somos seres mirando hacia atrás, anhelando lo que fué.

Nadie nos enseña desde pequeños a gestionar nuestras emociones. De hecho muchos de nosotros creíamos que cuanto menos vean de tí más seguro estabas… Entonces sufrimos/sufríamos en silencio, para “adentro”. Internalizando el dolor en nuestro cuerpo físico.

Te has preguntado alguna vez cuántas memorias de dolor/angustia/tristeza/miedo/ira, etc. guardas en tu cuerpo? Te menciono a ellas porque son parte de los síntomas que luego nos enferman.

Nos enferma nuestro apego al pasado. El no poder “soltar”, el no “dejar ir”. En muchas canalizaciones de seres de luz se repite este mensaje: aprender, agradecer y soltar. Si te aferras al pasado no puedes avanzar en tu vida. Estás anclad@. https://youtu.be/dS6plJyERQE

Por eso, si dejamos de identificarnos desde lo físico para pasar a nuestro plano espiritual, sabremos que todos somos parte de lo mismo. Somos seres maravillosos en este planeta “escuela”, aprendiendo de cada experiencia, compartiendo nuestro aprendizaje con otros seres, con quienes en otros planos también continuaremos juntos.

Mi hijo de once años podría describir la vida como un gran videojuego donde debemos pasar pruebas para avanzar al siguiente nivel. En cada nivel nos encontramos con otros personajes, compañeros de experiencia que nos ayudan a avanzar. Si por tí mismo, o con la ayuda de otros, no avanzas, pues te quedarás en un nivel o dejarás algún objetivo pendiente. Pero podrás seguir con el juego habiendo desviado o modificado un poco tu camino en función a lo que se esperaba. Eso sí, siempre avanzas. Vivas la experiencia que vivas, siempre aprendes y evolucionas.

Disfruta tu presente, agradece a cada ser que se cruza en tu vida y luego deja que siga su camino.

Un enorme beso al cielo para mi amado Pulgui. Gracias, Gracias, Gracias.